Ediciones Vigía: el arte de mirar en derredor

vigiaEntre los fondos del reconocido Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) existe una colección de libros publicados por una editorial cubana. Considerado un santuario del arte contemporáneo por reunir algunas de las obras maestras de artistas como Van Gogh, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Jackson Pollock y Andy Warhol, sus galerías también son una suerte de refugio para importantes muestras de diseño gráfico y libros impresos.

En esta ocasión, sin embargo, no nos referimos al volumen tradicional, aquel que emerge de una imprenta luego de pasar por un arduo proceso de composición. Se trata delibros raros, manufacturados, creados a partir de materiales poco convencionales.

Con estos conceptos, ciertamente, solo una editorial en la Isla es capaz de confeccionarlos: Ediciones Vigía, con 30 años de historia, no solo ha llegado a exponer en uno de los mejores museos de arte moderno del mundo-a partir del apoyo de la académica norteamericana Linda Howe, de Wake ForestUniversity-, sino que además varias bibliotecas de universidades como las de Michigan, Chicago, Missouri y La Florida, en Estados Unidos, tienen algunos títulos en sus anaqueles. Así sucede también con el Instituto Latinoamericano de Suecia, el Instituto Cervantes de Viena y el Centro de Estudios Cubanos de Nueva York.

Ediciones Vigía

Al parecer, los editores de Vigía se toman muy en serio la promoción de las obras, el intercambio y la gestión cultural. Son una suerte de rara avis para los tiempos que corren hacia el interior de la institución literaria del país. Aunque su labor se remonta a varios años de historia, cuando en 1985 -momento aún de auge del sistema poligráfico cubano- al poeta Alfredo Zaldívar le surgió la idea de crear un sello editorial que se distanciara del resto, pero, sobre todo, que fungiera como vínculo entre la literatura y los creadores de su ciudad. Una editorial en provincia, pero no provinciana, dirían algunos.

Así, en las cercanías de la Plaza de la Vigía -justo en la Casa del Escritor de Matanzas- se instaló la editorial, la cual desde un principio apostó por un diseño peculiar. Con pergaminos de una hoja, pequeños plegables que motivaran al público a asistir a las tertulias y veladas que se organizaban en la época, Vigía comenzaba a desandar el camino de las letras en la región, contando con el apoyo de los escritores, pintores y trovadores de la ciudad, quienes se aunaban bajo una misma finalidad: el libro arte.

Según revela a Cuba Contemporánea Laura Ruiz -editora principal y directora de La Revista del Vigía en la actualidad-, en un primer momento se realizaban invitaciones para conciertos, encuentros entre poetas o lecturas de narradores. Estas convocatorias se hacían acompañar por viñetas o algún dibujo original para la ocasión; sumándose, más tarde,uno o dos poemas. La idea fue ampliándose cada vez más en sueltos y plaquettes, iluminando los poemas a mano, con tinta, temperas, acuarelas, entre otros, hasta que en 1990 aparecieron los libros y revistas.

La imagen íntima y lírica de Vigía trascendió las fronteras de Matanzas, incluso de la Isla. Con el paso del tiempo aumentaron las colecciones del sello editorial hasta arribar a las nueve actuales: Colección del San Juan (poesía), Trébol (cuentos), Aforos (teatro), Venablos (ensayos literarios, historia, arte y crítica artística), Andante (para música), Barquito (literatura para niños), Clásicos (para autores clásicos), Del Estero (itinerante) e Inicios (para autores de importante colaboración con Vigía).

Se trata de ediciones manufacturadas, comenta Laura, con una impresión de 200 ejemplares por cada título. “Muchos libros son propuestos por los autores -cubanos o extranjeros, porque también publicamos literatura foránea- o por los editores del Consejo Editorial de Vigía, cuya finalidad es velar por la actualización de sus colecciones que transitan desde los creadores canonizados (fallecidos o no) hasta los más jóvenes, intentando así un balance editorial, que contempla además a la literatura cubana contemporánea de escritores que viven dentro y fuera de la Isla.”

La editorial del “Quinqué encendido” -símbolo en la imagen manufacturada de Vigía, asumido desde los inicios por Rolando Estévez, quien fuera diseñador principal del sello- trabaja el libro manualmente adicionándole hilos, cordeles, maderas, pieles y otros materiales “que en su pobreza resultan entrañables. Si bien algunos son muy difíciles de conseguir, como el papel ecológico o el papel kraft, otros están al alcance de la mano: arena, tierra, semillas, por ejemplo. Literatura en un modo distinto de hacer, el secreto solo está en mirar en derredor”.

El “libro arte” deviene, entonces, en un exquisito material para cualquier colección, el cual, a partir de la iluminación a mano, las técnicas del collage, el rasgado o el recortado impreciso de las tijeras, la enumeración de cada ejemplar, la firma de los autores, denota exclusividad. “El diálogo entre texto y versión plástica es la esencia de un volumen no solo con valores artesanales, sino de elevados valores artísticos y literarios.”

Ediciones Vigía

Sobre el proceso de confección, la editora relata que el manuscrito original se le entrega a un diseñador, quien crea una suerte de maqueta, la cual -luego de someterse a juicio de los editores- será la base sobre la que se realicen las doscientas copias. “Obviamente no todos los autores pueden laborar en la manufactura del libro, pero muchos sí lo hacen. Se resume solo a pasarse por el taller y tener deseos de compartir con los artesanos. Una vez obtenemos el producto final, por cortesía le entregamos 25 ejemplares a los escritores, mientras que el resto los destinamos para su comercialización, durante las presentaciones o en nuestra Casa Editorial, además de otros que quedan a buen resguardo en la Biblioteca Nacional, la provincial o en el archivo de Vigía.

De esta manera, en tiempos donde la lectura se convierte en un placer difícil, donde el mundo del libro es poco lucrativo a causa del advenimiento de la literatura digital, Ediciones Vigía continúa -luego de 30 años de historia- apostando por un proyecto estético diferente.

“Siempre un libro donde se perciba la mano del hombre va a interesar, o al menos Vigía hará todo porque ello suceda”, confiesa finalmente Laura Ruiz. “Siempre puede existir una versión digital que motive y luego quienes lo consuman y busquen más se acerquen al volumen real. ¿Acaso interesa más una reproducción en un libro de arte o ver la obra original en un museo o una galería? ¿Qué interesa más, ver una reproducción de la Capilla Sixtina o mirar al cielo y verla sobre nuestras cabezas? Es el mismo precepto.” (Por Lorena Sánchez/Cuba Contemporánea)

(Tomado de Girón)

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