Pirolo, Premio Brene 2015

premiobrenePor Ulises Rodríguez Febles

En mayo último René Dámaso Almendáriz recibió el Premio Brene 2015, de la UNEAC en Matanzas.

Pirolo, en realidad se llama René Dámaso Armendáriz. Es un mulato pequeño e inmenso, inquieto. Un mulato con los ojos vivaces que conoce cada uno de los laberintos del Teatro Sauto aún en las penumbras. No es actor, ni músico, ni bailarín.

Es un hombre que llega cada mañana al teatro en su bicicleta y no tiene horario para marcharse de él. Sauto es su casa, su segunda casa. ¿O la primera? -le pregunto. Tal vez la primera -me dice. Solo los lunes descanso. Y a veces ni tan siquiera los lunes. Ni aunque los ciclones amenacen la Isla y ese monumento de la cultura que cada vez se destruye un poco más, que cada vez peligra como un enfermo hospitalizado, él no se marcha y permanece allí junto a la negra inmensa del coliseo yumurino: Cecilia Sodis, custodiándolo, como un vigía.

Pirolo es un mar sereno, un mar alegre, es un mar infatigable. Cuando el público aplaude a los artistas, cuando ellos saludan y reciben flores, Pirolo está en su cabina, anónimamente aplaudiendo también y contento de que su trabajo altamente profesional haya resultado eficaz. Pirolo ha dedicado su vida al teatro, a trabajar con las luces, con el tiempo, a reconocer los espacios, a vivir cada espectáculo, a enseñar a las nuevas generaciones de técnicos en el Centro de Superación de la Cultura, en la Escuela de Instructores de Arte.

Como él, técnicos olvidados por la desmemoria han palpitado con las actuaciones de otros y un día se han retirado definitivamente conservando anécdotas, añorando su imprescindible trabajo, sin que reciban también su aplauso, sin que alguna vez se le entregue un ramo de flores y un abrazo y hasta un ¡bravo!. La entrega del Premio Brene 2015, por primera vez a un técnico, es una manera de recordar a esos hombres imprescindibles y anónimos de nuestra escena, es desempolvar los programas de manos, recordarlos y homenajearlos, a todos (tramoyistas, técnicos de luces y sonido…) en el nombre de un mulato que ahora ,tal vez mientras leemos estas palabras, sueña con el Teatro Sauto y el día en que volverá, en uno de sus lugares más queridos, a ser dueño de la luz.

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