Matanzas: de sus grandes alabanzas, restos y otras nostalgias

Catedral de Matanzas

Catedral de Matanzas

Por Neyset Ramos Medina

Dijo Cintio Vitier en su libro “Lo cubano en la poesía”,“La matanceridad se intuye íntegra y absoluta en los versos de Milanés: ´… paseaba el poeta por la ciudad a la vez abierta y oculta, y ya después de que todos comenzaban a recogerse; cuando sólo se oía un piano confuso en la brisa húmeda, se quedaba silencioso, lejanísimo, acodado en el puente, sobre el oscuro río San Juan, mirando el fluido enigmático, oyendo otra música imposible´.”

La nueva centuria nos llega en la legendaria Matanzas; la generación actual hereda el centro histórico, la arquitectura doméstica y el reto de restaurar y conservar tantos valores culturales y urbanísticos.

Tierra de poetas, distinguida además por la proliferación de puentes que enriquecen su entramado urbano, a la ciudad de Matanzas (fundada en 1693) se le conoce indistintamente como la Atenas o la Venecia de Cuba. Aquí, junto a una hermosa bahía, nació también un popular ritmo cubano: el danzón y existe un sui-géneris Museo Farmacéutico, que junto a los también museos Oscar María de Rojas y el Palacio de Junco, y el teatro Sauto, este último en medio de una reparación capital, sobresalen entre las propuestas culturales y turísticas que reverencian su historia.

La clara-oscura tonalidad del mar en Varadero, la transparencia de sus aguas y formas tropicales en singular híbrido con su atractiva infraestructura turística, música, tradiciones y patrimonio la tornan principal destino para el turismo nacional y foráneo.

Referencia obligada son las Cuevas de Bellamar, con cerca de dos kilómetros de extensión; las ruinas del ingenio Triunvirato; y el fascinante Río Canímar, de aguas navegables, tranquilas y en cuyas márgenes domina una exuberante vegetación, complementan los encantos de la capital matancera, muy cerca de la cual -y camino a La Habana- el fastuoso Valle de Yumurí, obliga a hacer un alto para contemplarlo desde el privilegiado Mirador de Bacunayagua, también en vías de remozamiento.

Se impone en Matanzas un llamado a la conservación de su riqueza cultural, natural e histórica, que proviene de voces ancestrales de matanceridad, se requiere la urgencia en el cuidado de su estética, prontitud en el terminado de sus obras, limpieza en sus calles, se impone una revisión estética del casco histórico, ponerle más colorido y cuidado a nuevas y antiguas edificaciones.

Así lo reclama la actual generación que la recorre, pero también el patriotismo de José de María Heredia y de Reynold García,  la nostalgia taciturna de Milanés, la culta jocosidad de  Romualdo Suarez y Néstor Ulloa, el verbo sensual de Carilda, las cenizas esparcidas en la gran bahía del periodista y maestro Manolo García. Lo demandan tantos rostros, pies sencillos que caminan la urbe y que sin escribir versos o alabanzas, viven enamorados de la Ciudad de los Ríos y el gran Valle de Yumurí.

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